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Martes noviembre 22nd 2011

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Miseria, hambre y pobreza

María Torres

No dejo de pensar en Somalia. Yo no sé, o tal vez sí, cual es la solución, pero de lo que estoy absolutamente segura es de que para erradicar el hambre en el planeta, primero hay que erradicar el capitalismo.

Muchas familias que están huyendo de Somalia a causa de la sequía y la violencia, deciden dejar en el camino a los hijos más débiles ya que saben que no alcanzarían llegar a los campos de refugiados de Dabaab, el más grande que existe en el mundo.  Según la ONU,  en los últimos tres meses han muerto veintinueve mil niños somalíes menores de cinco por la hambruna que azota a este país africano. Esto es miseria. La negación de la opción posible, la nada, un presente sin futuro.

Es doloroso ser consciente que mañana morirán otras treinta mil personas en el mundo a causa del hambre. El hambre mata lenta y dolorosamente a casi treinta y cinco millones de personas al año ante la indiferencia de gran parte de la Comunidad Internacional, pero aún es más doloroso comprobar que no hay dinero para esta catástrofe de dimensiones extremas y si lo hay para rescatar entidades financieras, las mismas que han provocado la crisis mundial que padecemos, que se sigue fabricando y vendiendo armamento,  que ACNUR reclama fondos para alimentos y medicamentos que no llegan porque las propias farmacéuticas y los gobiernos imposibilitan la distribución gratuita y urgente.

Lo cierto es que no somos incapaces de resolver el hambre en el mundo y no vamos por buen camino. África recibirá este año menos de la mitad de la ayuda al desarrollo prometida y de nuevo la comunidad internacional incumple los Objetivos del Milenio fijados en 1996.

Comprobar que hay gente que está peor que nosotros, no debería consolarnos, más bien preocuparnos. No es humano dejar que la miseria anule las posibilidades de vida de otros. Da igual que estén en Somalia o se trate del vecino de al lado. En ambos casos son vidas de seres humanos. Personas que nacen ya sin derechos, porque se los hemos negado. Culturas que nosotros, Occidente, hemos esquilmado y hacia las que ahora no queremos mirar.

Las cifras de personas que carecen de lo básico para sobrevivir con un mínimo que garantice un nivel elemental de salud son extremadamente altas. 1.200 millones de seres humanos no tienen acceso a agua potable; 1.000 millones carecen de vivienda estimable; existen 840 millones de personas mal nutridas, de los cuales 200 millones son niños menores de cinco años, y 2.000 millones de personas padecen anemia por falta de hierro; 880 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de salud; y 2.000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales.

Según estas cifras, el 80% de la población mundial vive en la pobreza.

La riqueza se concentra en unas pocas manos. La pobreza afecta a muchísimas manos. Las causas que originan la riqueza, suelen tener un reverso: las causas que originan la pobreza.

“Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad”. Estas fueron las palabras con las que se dio a conocer el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el alzamiento del 1 de enero de 1994 y estas deben ser las exigencias que debemos hacer a todos los gobiernos del mundo,  porque todavía faltan muchas cuentas que hacer cabales en la Tierra.

Aniquilar es tan fácil como no mover un dedo.

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