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Martes noviembre 22nd 2011

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La verdadera línea roja del 15M

“No tengo lugar, no tengo paisaje y aún menos tengo patria…” interpretada en sefardí por Yasmin Levy.

“La historia se repite, los esclavos contra los amos, la historia se repite, los vasallos contra los señores, la historia se repite, los obreros contra los patrones, la historia se repite, pueblos contra imperios… y no va a terminar.” Letra de Reincidentes.

Lo que acaba de comenzar en España debe ser interpretado por la sismología de lo social como la liberación de energía acumulada tras las presiones contrarias que subyacen en el interior de la sociedad. Cualquier observador puede detectar el distanciamiento progresivo, cada vez mayor, entre los conceptos de Sociedad Ideal y de Sociedad Real. Nuestra representación idealizada de Europa nos lleva a creer, a los europeos, en este proyecto común como un sintagma de pertenencia en el que compartimos valoraciones idénticas de lo público, de lo social, de la justicia o de la libertad. Pero nuestra representación de la Idea de Europa se desvanece cuando bajamos a las calles abandonadas de los barrios, cuando acudimos a las oficinas –abarrotadas- de empleo o cuando amanece en los pueblos sin más esperanza que la llegada de alguna ayuda de lo público.

La cosmovisión del mundo actual se ha sacudido de lo humano, de lo esencial y se ha convertido en una imagen veleidosa disfrazada de tecnología y de dinero. Sociedades opulentas pero insustanciales que han perdido la identidad de lo común, que no han acabado de sustituir el marco interpretativo de la religión por un sistema de doctrinas éticas, donde la ciudadanía emerja como el verdadero paradigma en torno al cual se construya la identidad de nuestras sociedades. Con la asfixia controlada de las clases trabajadoras de Grecia, de Portugal y de Irlanda, la Idea de Europa se nos antoja ahora como la de un Gran Sociedad de Cacería de los banqueros que ha organizado una montería para cobrar sus piezas poco a poco.

Y detrás de Europa ¿qué hay? Parece que sólo hay capitalismo, que sólo hay interés frenético por ganar dinero. Bancos alemanes, bancos franceses, sociedades de inversión británicas, americanas, canadienses, especuladores mundiales con nombres y apellidos, todos ellos ponen nombre a la metáfora de los Mercados. Nunca pedimos que nos hicieran reír, pero tampoco que nos hicieran llorar. Bajo las ficciones constructivas de las cuentas públicas se arrogan en dueños del destino de generaciones enteras, que habrán de mantener, con la reducción de su calidad de vida, sus niveles de vidas arrogantes y su desprecio por la humanidad. Pero si así funciona el capitalismo ¿quién tiene la culpa de la crisis? Esa es la repugnante pregunta que enmarca erróneamente todo el sufrimiento de la clase trabajadora, de los pensionistas y de los que aún no han podido trabajar jamás. NO HAY CULPABLES. Sí, no hay culpables porque NO HAY CRISIS. La riqueza disponible y los medios financieros son apabullantes pero están controlados por unos pocos. Estamos siendo secuestrados por los Generales del Capitalismo, por los verdaderos dueños de la política, por los especuladores de nuestro futuro y el de nuestros hijos, por los que generan, difunden y diluyen las crisis económicas. Si el poder político europeo (Comisión, Consejo y Parlamento) pudiera ser realmente independiente la construcción de la Unión no se haría en términos exclusivamente económicos sino en términos políticos y sociales de ciudadanía y de igualdad. Pero muchos de nuestros representantes institucionales europeos acaban en los Consejos de Administración de las grandes corporaciones a las que tienen que controlar ahora. Y así nos va. Ya sé que es fácil analizar desde la barrera, ya sé que hay un plus de bondad en algunos parlamentarios europeos que, a riesgo de nadar en un océano, luchan por construir una Europa Social. Pero los hechos son objetivos. Muchos de los directivos de las Instituciones europeas acaban integrados en las multinacionales europeas. Y no, las multinacionales no son el enemigo de Europa, los grandes bancos tampoco, los son sus dueños y grandes accionistas, sus objetivos económicos, lo es la falta de inclusión de sus intereses en los grandes intereses de la ciudadanía europea. Lo es, en definitiva, el sistema corrupto del capitalismo financiero que prima el beneficio económico por encima de la producción de beneficios materiales y sociales para su comunidad.

Por ello la Revolución Española del 15M es también una Revolución Europea. Por eso se ha contagiado en sus términos y modos a Grecia, a Francia. Porque las razones son las mismas, las fricciones son idénticas. Somos los mismos. Todos somos los trabajadores, los pensionistas, los desempleados, los estudiantes de Marsella, de Milán, de Atenas, de Coimbra o los de Barcelona. Somos los mismos y la verdadera línea que no queremos traspasar es roja, es roja porque es de izquierdas, que es la que ha construido las mejoras sociales del moderno Estado del Bienestar. El progreso de las clases trabajadores se ha producido gracias al avance de las líneas rojas en la política, al avance de las líneas rojas en lo social, al progreso de las líneas rojas de lo sindical, a la defensa de las líneas rojas de la igualdad entre sexo. Gracias a las generaciones anteriores que lucharon por la construcción de un sistema de protección social, que trabajaron por unas pensiones dignas, por las mejoras laborales que hoy disfrutamos, por las coberturas sanitarias y económicas de los que no tienen nada. Por eso, por los que no tienen ni lugar, ni paisaje, ni patria, por los que creen en una sociedad de iguales derechos y de verdaderos ciudadanos, no debemos dejar que pasen esa línea roja que, en mi opinión, los acampados del 15M han marcado en nuestra conciencia, a saber:

1. CONSTRUIR una democracia real.
2. DEFENDER los derechos sociales de los trabajadores.
3. DENUNCIAR los abusos de los poderes económicos sobre los ciudadanos.
4. ALIMENTAR la construcción de la sociedad civil y de la ciudadanía activa.

Juan Miguel Becerra

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